domingo, 28 de junio de 2009

Cárcel de amor

El pasado 25 de junio, Antonio Bordón escribió sobre El niño criminal en La Provincia/Diario de las Palmas:

Nacido en 1910, en París, Jean Genet es sin lugar a dudas uno de los escritores franceses más célebres del siglo XX. Caracterizado como escritor por una tozuda, y arriesgadísima, decisión de transmitir una verdad al lector, su propia verdad, pagó bastante cara su vocación. Tras muchas fugas y pasar por diferentes correccionales, en 1926, a los 16 años, fue internado en la colonia penitenciaria de Mettray, donde permaneció hasta que alcanzó la mayoría de edad. De allí salió convertido en ladrón, vagabundo y chapero, especialidades que le llevarían de nuevo a la cárcel, en base a múltiples condenas, saliendo finalmente convertido en escritor. Su primera novela, Santa María de las flores (1943), es un relato autobiográfico acerca de la homosexualidad y los bajos fondos.



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Ambos temas están presentes en «El niño criminal» y «Fragmentos…», textos hasta ahora inéditos en España que acaba de publicar en un pequeño volumen la editorial Errata Naturae, con traducción y prólogo de Irene Antón. «El niño criminal» fue escrito por Genet en 1948 para su difusión radiofónica en Francia, si bien no salió al aire por su carácter subversivo. En él, Genet glorifica el mundo de las cárceles para menores: «Los centros penitenciarios son absolutamente la proyección en el plano físico del deseo de severidad escondido en el corazón de los jóvenes criminales. […] El niño criminal es el que ha forzado un puerta que da a un lugar prohibido. Quiere que esa puerta se abra sobre el más bello paisaje del mundo: exige que la cárcel que merece sea feroz. Es decir, digna del esfuerzo diabólico que le ha costado conquistarla».

Como muy bien señala Antón en el prólogo, Genet se muestra ofendido por la indulgencia de los jueces y exige que el castigo sea duro para «sus admirados niños criminales», pues para él el acto criminal tiene «la importancia de un hito». El autor de Diario de un ladrón llega a sostener en su libro que «cada criminal debe apañárselas con su acto. Es incluso necesario que extraiga de él los recursos mismos para su vida moral, que organice ésta última alrededor de sí mismo, que obtenga de ella lo que a la vuestra le niega. Para sí […] se convierte en un héroe tan bello como aquellos que os conmueven en vuestros libros».

«Fragmentos…», escrito después de una malaventura vivida con un joven chapero italiano llamado Decimo, es otra pequeña joya de este escritor maldito, para quien la homosexualidad era una condena irrevocable —el amor por los muchachos fue para Genet otra cárcel, aunque a ella se entregara de buena gana, como el jugador que lanza dados locamente, pero sin retorno—, por lo que nunca formó parte de ningún movimiento gay. No obstante, se alió en la lucha de otros movimientos sociales y políticos como los Panteras Negras y la Liberación del Pueblo Palestino. A pesar de todo, y coherente con su actitud transgresora, dijo en una ocasión que no se hubiera unido a ellos «de no ser tan bellos muchachos». Ambos textos son una sugerente invitación a la lectura de la obra de Genet.






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